Héroe a medias
Me fugo a la hora justa de la pega.
Tomo la 406. Va llena pero no vamos apretados. En mis oídos sonaba una entrevista que Sergio Lagos le hizo a los Quilapayún, que por la voz se nota que están tatitas. Suena uno de sus temas luego de muchos minutos de conversa.
Divago. A través de la ventana del Transantiago me convenzo que la primavera se acerca. Hay más luz ambiente. Pienso en nada mientras la oruga blanco con verde avanza por la Alameda.
Se detiene en un paradero. Creo que fue en el de Alameda con San Antonio. Sube extrañamente la mayoría por la puerta de adelante. Por la segunda puerta (en donde yo estaba) sube una “rusia” flacuchenta sin pagar. Se me ocurren miles de castigos para la mina. Odio subvencionar a este tipo de gente.
Siento que alguien pasa tras de mí, al parecer con un bolso grande o algo parecido, porque me empujó levemente. El olor a copete no fue agradable.
Parte el Transantiago.
Siguen los Quilapayún cantando y hablando en la Radio Uno.
Siento algo cerca de mi bolsillo. “El aparataje que lleva el viejo del bolso, seguramente.” Siento de nuevo, tras medio segundo.
Me bajo más aún la parka corta, desconfiado y mirando hacia el lado. El viejo no llevaba un bolso, sino una chaqueta en su brazo izquierdo. “He visto cosas parecidas en la tele…” El beneficio de la duda y mi inocencia de pueblerino pudieron más. Dos segundos después, veo al conchesumare intentando meter la mano en el bolso de la rusia que subió sin pagar, tapado por la chaqueta.
Estas cosas en serio no se piensan. No razonas. No alcanzas a pensar que el hijo de puta puede ir acompañado.
- ¡Deje de hacer lo que está haciendo! – Le dije al “inocente”.
- ¿Pero qué te pasa?
- ¡Deje de hacer lo que está haciendo! ¿Cómo que qué me pasa? ¡Estoy viendo que está metiendo la mano en el bolso de ella!
- ¿¡¡¡Adóoooonde!!!?
- ¡No se haga, si también sentí cuando me quiso sacar la billetera!
Alguien empezó a chiflar, no sé si para advertirle al chofer, o anda tú a saber.
El viejo seguía en la misma, defendiéndose y haciéndose el weón.
Cuando el Transantiago estaba por llegar al otro paradero, sacó el lenguaje más choro.
- ¡Ah, maricón culiao! ¿Qué andai sapeando? ¡Ándate a la conchetumare!
- Para ya voy po… vivo lejos.
Me empujó con la fuerza que debe tener un niño de 3 años, porque ni siquiera me movió.
Pasaron unos segundos en que dejé que el weón hablara lo que quisiera. Quizás ahí la pensé más… ¿y si llevaba un cuchillo? ¿Y si no iba sólo? Tampoco me interesaba irme condecorado con la weá más básica pero asquerosa que puede haber… un escupitajo.
Se bajó el culiao y la rusia también se bajó.
La adrenalina se apoderó de mí y se refugió en la parte baja de mi espalda. El dolor era fuerte. Las piernas me temblaban. Luego de unos segundos de adrenaline rush, todo volvió a la normalidad.
No dejaba de sentirme medio héroe… igual evité que la pobre rusia perdiera algo de valor.
Debí haberlo levantado de una patá en la raja cuando se bajó, o debí ponerle un pie por delante cuando se bajaba para que se cayera de hocico y se rompiera el brazo. Por lo menos así pasaría más tiempo hasta que pudiera salir a robar de nuevo. O un combo en todo lo que se llama hocico. No se hubiera levantado ni cagando… si igual dudo que fuera solamente el olor a copete lo que llevaba encima. O debimos hacer un arresto ciudadano y amarrarlo y dejarlo en manos de Carabineros. O cuando me dijo maricón debí haberle dicho que en realidad lo era, así que o se bajaba o me lo violaba.
Pero no… simplemente se fue, impune.
El bus con acordeón sigue su curso. Me bajo del Transantiago. Me bajo de la oruga en donde me convertí en un héroe a medias.
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Tenias que haberle sacado la chucha… pero bueno, no se si yo ubiera hecho lo mismo… hay que estar en la situacion…