Pensamientos de un chileno
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Héroe a medias
Ago 28
Me fugo a la hora justa de la pega.
Tomo la 406. Va llena pero no vamos apretados. En mis oídos sonaba una entrevista que Sergio Lagos le hizo a los Quilapayún, que por la voz se nota que están tatitas. Suena uno de sus temas luego de muchos minutos de conversa.
Divago. A través de la ventana del Transantiago me convenzo que la primavera se acerca. Hay más luz ambiente. Pienso en nada mientras la oruga blanco con verde avanza por la Alameda.
Se detiene en un paradero. Creo que fue en el de Alameda con San Antonio. Sube extrañamente la mayoría por la puerta de adelante. Por la segunda puerta (en donde yo estaba) sube una “rusia” flacuchenta sin pagar. Se me ocurren miles de castigos para la mina. Odio subvencionar a este tipo de gente.
Siento que alguien pasa tras de mí, al parecer con un bolso grande o algo parecido, porque me empujó levemente. El olor a copete no fue agradable.
Parte el Transantiago.
Siguen los Quilapayún cantando y hablando en la Radio Uno.
Siento algo cerca de mi bolsillo. “El aparataje que lleva el viejo del bolso, seguramente.” Siento de nuevo, tras medio segundo.
Me bajo más aún la parka corta, desconfiado y mirando hacia el lado. El viejo no llevaba un bolso, sino una chaqueta en su brazo izquierdo. “He visto cosas parecidas en la tele…” El beneficio de la duda y mi inocencia de pueblerino pudieron más. Dos segundos después, veo al conchesumare intentando meter la mano en el bolso de la rusia que subió sin pagar, tapado por la chaqueta.
Estas cosas en serio no se piensan. No razonas. No alcanzas a pensar que el hijo de puta puede ir acompañado.
Con mi acción ¿cambié la vida de un niño?
Oct 19
El sábado pasado, fui a uno de los malls de la capital a pagar mi supuesta cuenta mensual de Almacenes París. Al momento de ver mi cuenta, quedé feliz viendo que mi deuda ascendía a la ingente cantidad de $-5.
Sí… París me debe 5 pesos. Debo admitir que me dieron ganas de ir a la caja a pedir mi devolución de dinero, pa puro webiar.
Mientras caminábamos por el centro comercial, mi madre me dice “y andai con la chequera en el bolsillo de atrás… ¿y si pasa alguien y te la quita?” – ¡Me doy cuenta! Mira, trata de sacarla.
Le pegó el tirón y yo, obviamente puesto sobre aviso, “me di cuenta”.
(Nótese que no ando nunca con la chequera. Solamente la saco para pagar cuentas).
Así fue como después de un rato nos dio hambre y fuimos a comer a McDonald’s. Nota aparte fue el disgusto que pasé al ver que ahora no puedes cambiar la bebida por un jugo de naranja grande… te lo cambian, pero por un vaso mucho más chico que el vaso más chico de bebida. Ahí mismo le dije “puta que la cagó don Ronald” ![]()
Producto de comer con hambre (conozco mi humanidad), tuve que ir a las casitas a hacer del dos. Una vez terminado el proceso caquígeno, lavé mis manos (siempre higiénico) y nos fuimos al auto. Aprovechando el viaje, fuimos al Homecenter.
Me estacioné, me bajé y de repente… ![]()
