Desde las alturas del Olimpo metropolitano, los dioses deciden entre juegos de póker, jaladas de cocaina y sexo desenfrenado nuestros destinos.

- Que ese flaite le robe a ese que va ahí, con cara de weón.
- Que la mujer que va despreocupada meta el taco de su zapato en esa rejilla y se quiebre el pie, para que sufra dolores cuando haga frío.
- Que Rodolfo Palominos por fin se gane un premio millonario en un juego de azar.
Interviene uno de ellos:
- ¿Tai más weón? ¡Que se joda ese culiao!